César Eduardo Reyes.


Edad: 32 años
Profesión: Ingeniero Electricista or. Electrónica.
Lugar Nacimiento: Salta
Estado Civil: Soltero



Aconcagua no significó nada en mi vida, hasta que llegué a Mendoza y comencé a disfrutar de la naturaleza de esta maravillosa provincia.

En realidad lo que siempre me atrajo fue la vida al aire libre y en base en eso me decidí por el montañismo, nunca pensé que esto se iba a transformar en una pasión y menos que menos en que, en algún momento, me entrenaría duramente, para subir al cerro más alto de América.

Influyó mucho en esta decisión, el tentador plan de trabajo que presento Sergio Furlan, "ACONCAGUA PARA TODOS", al cual ingrese, no con la meta del Aconcagua sino con el objetivo de subir algunos cerros de nuestra cordillera y seguir alimentando mi pasión por la vida al aire libre.

Pasado el tiempo y gracias al grupo de personas que se formó, que es espléndido, comenzó a nacer el deseo por llegar a la cumbre del coloso de América y en este momento es el anhelo que pretendo cumplir muy pronto.


CRONICA

La Cumbre

El día final comenzó, para los aplanacerros, muy temprano, eran aproximadamente las cuatro de la mañana y me despertaba con una pequeña explosión; era el calentador MSR a bencina que acababa de encender Horacio.

Comencé a prepara la mochila y a verificar los últimos detalles tratando de no olvidar nada además de no llevar nada de más, sabía que la jornada que me esperaba era muy dura y demasiado larga según las experiencias contadas.

Mientras yo me encontraba en esos preparativos, llegó Oscar con una noticia muy dolorosa para el grupo, Gerardo, el alemán de fierro, estaba con edema periférico por lo que debía bajar lo antes posible; Oscar después de comentar lo que había pasado con su compañero de carpa y sobre todo amigo, nos comunica que desea bajar con Gerardo no sola para evitar que baje Tochi, con lo que perdíamos una guía, sino porque se sentiría mucho mejor al descender con la persona que le había hecho conocer la Montaña y lo había tentado a llegar a donde estaba en ese momento.

Fue un momento bastante difícil para el grupo, pero sabíamos que podía suceder con cualquiera de nosotros.

El silencio fue interrumpido con las palabras de Horacio que comenzaba a comentar la nueva estrategia de ataque a la cumbre.

A partir de ese momento ultimamos los detalles y comenzamos con la hidratación y desayuno, previo a la salida, al cual no lo respete como debía y me causo una fatiga prematura durante la primera hora de marcha, la cual me hizo dudar si debía seguir o debía regresar al refugio, fue el único momento de toda la expedición en el que realmente me sentí agotado y sin fuerzas para seguir en el cual vi la cumbre como algo inalcanzable. Pero gracias al aliento del grupo y a Horacio, que supo desde el principio que no era nada grave y que me dijo que comiera algo y me hidrate bien, nada paso, fue nada más que un susto pasajero.

Luego de ese terrible momento, todo cambió y me sentí con todas las fuerzas posibles como para seguir la marcha. Momentos ante de esa terrible experiencia, vivenciamos el amanecer desde los seis mil metros sobre el nivel del mar, fue algo impactante. Ver la sombra del Aconcagua sobre el horizonte fue algo que nunca me lo habría esperado, es ver un horizonte no recto, sino un horizonte, como el que todos conocemos, pero con un desperfecto en forma de triángulo que no se espera para dicho paisaje, lo cual hace de esto un espectáculo increíble e inesperado.

Pasamos el refugio Independencia, en dónde reacomodamos los pesos, ingresamos al Portezuelo del Viento, paradójicamente, sin nada de Viento, y encaramos la gran travesía por los planchones de nieve del tan temido Gran Acarreo. Para luego comenzar la interminable canaleta que sería el paso previo al gran premio esperado por todos, "la cumbre".

En la gran canaleta paramos varias veces, algunas para descansar e hidratarse, otras para ponernos los grampones y algunas para disfrutar del paisaje mientras se reagrupaba el grupo. Ya saliendo de la canaleta y viendo que para la cumbre no quedaba nada, siento la voz de Horacio que pide que lo espere, era para que salga hacia la pared sur y me pare sobre la salida de la Pala Mesner, Fue magnifico ver la inmensidad de dicha pared desde el mismísimo filo del cerro. Espere a Julia y nos sacamos las fotos que no podían faltar en el gran álbum de expedición.

Nos quedamos inmóviles admirando la belleza del paisaje sin darnos cuenta que aún no habíamos llegado al objetivo para el cual nos habíamos preparado con tanto esfuerzo. Minutos después Horacio nos pide que los sigamos, y continuamos por el tramo final hacia la cumbre, pero no por el camino tradicional, sino por uno que nos indicaba Horacio, de repente, luego de escalar algunas rocas nos encontrábamos en una planicie sobre la cual no se veía nada más alto, comprendimos que estabamos en la cumbre y nos abrazamos en señal de que el objetivo estaba cumplido, hubieron lagrimas, emociones raras, felicitaciones y que sé yo cuantas cosas más. Poco después nos dirigimos a la Cruz, nos sacamos fotos, disfrutamos de la llegada de Raúl y Tochi que venían un poco retrasados (Raúl se tiro un clavado sobre la cruz, en cuanto vio lo que hasta ese momento solo lo había visto en fotografías), firmamos el libro y nos sentamos a disfrutar de lo que habíamos logrado, mientras nuestro querido guía preparaba una foto, la cual, según él, sería famosa, se trataba de sacarse una foto con el torso desnudo en la cumbre del coloso de América, algo insólito, pero posible gracias a la benevolencia del clima con los Aplanacerros, ya que el día era espléndido con un sol radiante, casi ninguna nube sobre el firmamento y con ráfagas de viento muy esporádicas.

Eran la 14:00 horas del día Domingo 12 de enero del 2003 y los aplanacerros eran las personas que se encontraban en el lugar más alto de toda América. Fue una experiencia muy difícil de explicar, inolvidable y que quedará gravada en nosotros por siempre.

César Eduardo Reyes.
Expedicionario.












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