Aconcagua
no significó nada en mi vida, hasta que llegué
a Mendoza y comencé a disfrutar de la naturaleza de
esta maravillosa provincia.
En realidad lo que siempre me atrajo fue la vida al aire libre
y en base en eso me decidí por el montañismo,
nunca pensé que esto se iba a transformar en una pasión
y menos que menos en que, en algún momento, me entrenaría
duramente, para subir al cerro más alto de América.
Influyó mucho en esta decisión, el tentador
plan de trabajo que presento Sergio Furlan, "ACONCAGUA
PARA TODOS", al cual ingrese, no con la meta del Aconcagua
sino con el objetivo de subir algunos cerros de nuestra cordillera
y seguir alimentando mi pasión por la vida al aire
libre.
Pasado el tiempo y gracias al grupo de personas que se formó,
que es espléndido, comenzó a nacer el deseo
por llegar a la cumbre del coloso de América y en este
momento es el anhelo que pretendo cumplir muy pronto.
CRONICA
La Cumbre
El
día final comenzó, para los aplanacerros,
muy temprano, eran aproximadamente las cuatro de la mañana
y me despertaba con una pequeña explosión;
era el calentador MSR a bencina que acababa de encender
Horacio.
Comencé a prepara la mochila y a verificar los últimos
detalles tratando de no olvidar nada además de no
llevar nada de más, sabía que la jornada que
me esperaba era muy dura y demasiado larga según
las experiencias contadas.
Mientras yo me encontraba en esos preparativos, llegó
Oscar con una noticia muy dolorosa para el grupo, Gerardo,
el alemán de fierro, estaba con edema periférico
por lo que debía bajar lo antes posible; Oscar después
de comentar lo que había pasado con su compañero
de carpa y sobre todo amigo, nos comunica que desea bajar
con Gerardo no sola para evitar que baje Tochi, con lo que
perdíamos una guía, sino porque se sentiría
mucho mejor al descender con la persona que le había
hecho conocer la Montaña y lo había tentado
a llegar a donde estaba en ese momento.
Fue un momento bastante difícil para el grupo, pero
sabíamos que podía suceder con cualquiera
de nosotros.
El silencio fue interrumpido con las palabras de Horacio
que comenzaba a comentar la nueva estrategia de ataque a
la cumbre.
A partir de ese momento ultimamos los detalles y comenzamos
con la hidratación y desayuno, previo a la salida,
al cual no lo respete como debía y me causo una fatiga
prematura durante la primera hora de marcha, la cual me
hizo dudar si debía seguir o debía regresar
al refugio, fue el único momento de toda la expedición
en el que realmente me sentí agotado y sin fuerzas
para seguir en el cual vi la cumbre como algo inalcanzable.
Pero gracias al aliento del grupo y a Horacio, que supo
desde el principio que no era nada grave y que me dijo que
comiera algo y me hidrate bien, nada paso, fue nada más
que un susto pasajero.
Luego de ese terrible momento, todo cambió y me sentí
con todas las fuerzas posibles como para seguir la marcha.
Momentos ante de esa terrible experiencia, vivenciamos el
amanecer desde los seis mil metros sobre el nivel del mar,
fue algo impactante. Ver la sombra del Aconcagua sobre el
horizonte fue algo que nunca me lo habría esperado,
es ver un horizonte no recto, sino un horizonte, como el
que todos conocemos, pero con un desperfecto en forma de
triángulo que no se espera para dicho paisaje, lo
cual hace de esto un espectáculo increíble
e inesperado.
Pasamos el refugio Independencia, en dónde reacomodamos
los pesos, ingresamos al Portezuelo del Viento, paradójicamente,
sin nada de Viento, y encaramos la gran travesía
por los planchones de nieve del tan temido Gran Acarreo.
Para luego comenzar la interminable canaleta que sería
el paso previo al gran premio esperado por todos, "la
cumbre".
En la gran canaleta paramos varias veces, algunas para descansar
e hidratarse, otras para ponernos los grampones y algunas
para disfrutar del paisaje mientras se reagrupaba el grupo.
Ya saliendo de la canaleta y viendo que para la cumbre no
quedaba nada, siento la voz de Horacio que pide que lo espere,
era para que salga hacia la pared sur y me pare sobre la
salida de la Pala Mesner, Fue magnifico ver la inmensidad
de dicha pared desde el mismísimo filo del cerro.
Espere a Julia y nos sacamos las fotos que no podían
faltar en el gran álbum de expedición.
Nos quedamos inmóviles admirando la belleza del paisaje
sin darnos cuenta que aún no habíamos llegado
al objetivo para el cual nos habíamos preparado con
tanto esfuerzo. Minutos después Horacio nos pide
que los sigamos, y continuamos por el tramo final hacia
la cumbre, pero no por el camino tradicional, sino por uno
que nos indicaba Horacio, de repente, luego de escalar algunas
rocas nos encontrábamos en una planicie sobre la
cual no se veía nada más alto, comprendimos
que estabamos en la cumbre y nos abrazamos en señal
de que el objetivo estaba cumplido, hubieron lagrimas, emociones
raras, felicitaciones y que sé yo cuantas cosas más.
Poco después nos dirigimos a la Cruz, nos sacamos
fotos, disfrutamos de la llegada de Raúl y Tochi
que venían un poco retrasados (Raúl se tiro
un clavado sobre la cruz, en cuanto vio lo que hasta ese
momento solo lo había visto en fotografías),
firmamos el libro y nos sentamos a disfrutar de lo que habíamos
logrado, mientras nuestro querido guía preparaba
una foto, la cual, según él, sería
famosa, se trataba de sacarse una foto con el torso desnudo
en la cumbre del coloso de América, algo insólito,
pero posible gracias a la benevolencia del clima con los
Aplanacerros, ya que el día era espléndido
con un sol radiante, casi ninguna nube sobre el firmamento
y con ráfagas de viento muy esporádicas.
Eran la 14:00 horas del día Domingo 12 de enero del
2003 y los aplanacerros eran las personas que se encontraban
en el lugar más alto de toda América. Fue
una experiencia muy difícil de explicar, inolvidable
y que quedará gravada en nosotros por siempre.
César Eduardo Reyes.
Expedicionario.
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